
Los colores primarios no priman en este absurdo mundo, donde parecen reptar los gusanillos de la creatividad.
Sin embargo, yo empapelo de tenebrismo las paredes, y como en un cuadro modernista, la intangible y difusa luz, no nos muestra los detalles importantes de la más temida de las realidades.
Porque los sueños son imágenes impresionistas, mientras que la tremendista realidad, es más bien, una foto en blanco y negro, que se quema lentamente en una vieja pero remodelada chimenea.