
Insomnes que en la noche dibujan alumbrados por la luz de su mirada perdida en un tiempo extraviado, ataviado de resignaciones ambiguas, son quienes sustentan las noches de marfil, de luna llena de vicios, de sueños y metas. Son la piedra angular del todo y la nada, de la oscuridad eterna hecha luz ocular, cegada poco a poco con telares de lino. Mirada de felino inocente e ingenuo que se deja atrapar por su presa, ésa es la suya. Sin prisa, sin gracia, sin savia en las venas, se convierten lentamente en el boceto emborronado de una vida sin día, que alguien volverá a dibujar.