sábado, 24 de julio de 2010

Ciudad-museo de arte impersonal abstracto


Cabalgando sobre dunas doradas, que en realidad no son más que nubes con tintes amarillentos que provienen de los rayos de sol, un desierto se mezcla con el mar y el cielo. Calculo la ruta de forma mental-visual. No hay GPS alguno, pero me basta con ver la costa y los campos desde la ventanilla del avión. Esto es el Cantábrico. Esto es Francia. Esto es el Canal de la Mancha. Siguiendo estos ríos que desembocan en el mar, llegaremos hasta el Támesis. Esto es Londres.

Te das cuenta de que el aire de Inglaterra es diferente. Es un aire que se respira mejor.

Adentrándome en la ciudad capital, observo las pequeñas casas antiguas, pero con encanto. Con tejados de película de Disney. Con tejados bohemios. Con tejados con historia, con miga. Me tomaría un té subida en uno de ellos de día. Tomaría absenta de noche.

Las calles abarrotadas de gente no me dificultan ver la libertad que se esconde en ellas. Gente variopinta, gente de color, gente blanca, gente con gorros, gorras, velos, crestas, escafandras, coronas. Gente. Gente poco corriente. Gente poco sonante.

Mis viajes a este país, en especial a esta ciudad, y sobre todo acompañada de gente distinta cada vez, me demuestran que hay que tener una mente diferente para poder entender lo que se cuece en sus fogones, lo que se bebe en sus bares, lo que dicen sus sueños.

No hay papeleras en el metro. Tiene una explicación. Pero es una explicación que a ojos de un turista es irrelevante. Lo que al turista le importa es: ¿cómo es que nadie tira la basura al suelo? ¿Educación? ¿Son los británicos tan educados como se les ha pintado en los cuadros?
Es como todo. La educación cada vez se está perdiendo más. Entras al país y nadie de te da la bienvenida al revisar tu pasaporte. Sin embargo, en la tienda más próxima al control, dentro del mismo aeropuerto, te esperan con una sonrisa, e incluso con recomendaciones.

Yo llamo a esto: la magia individual de cada persona. Yo lo llamo: la magia anglosajona.

1 comentario:

  1. Encanto narutal del mundo anglosajón.

    Envidia de viaje :)
    Un beso

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